miércoles, 25 de julio de 2012

Nox est perpetua una dormienda.

Brillaba con su brillo -con la luz que creía que le era propia.
Por ende me opaqué con su opacidad: cuando se abalanzó la oscuridad sobre mis notas.

Juro que intenté encender no una, sino mil velas. Juro que abrí todas las ventanas de par en par.
Hice todo lo que se me ocurrió para alejar la oscuridad, pero fue inútil: afuera la noche cenaba recuerdos pasados, y soplaba tinieblas dentro de mi armario.
Cuando abrí la primera puerta ya no había fotos: solamente rectángulos negros, sin siluetas, sin formas distinguibles. Abrí la segunda y cayó un cuaderno del que se desprendieron las hojas y se quemaron solas.
Y así, con cada puerta fue pasando algo similar.
Y de golpe quedó solamente el vacío. Las velas se apagaron, la noche rompió un vidrio y se acostó en mi cama. Ya no hice nada para echarla. ¿Qué más podía hacer? Me rendí, me cansé.
Tomé mis libros, mis discos y mis ménades y me fui. Me fui a morir a otra parte. No era justo terminar mis días en el silencio y la oscuridad que había invadido mi cuarto.
Mientras caminaba pensaba en cómo el mundo se acababa con cada paso que daba para alejarme, y en cómo moriría irremediablemente en la intemperie. Pero viví.
Viví al darme cuenta que podía caminar sin zapatos. Y de repente supe que todos los cantos a la lluvia intentaban disfrazar el avance de la oscuridad.
Ahora sigo caminando, esperando que se despeje, o quizá que llueva con sol.

Tercer ente 

jueves, 19 de julio de 2012

Frío. Mucho frío.

Las uñas mordidas y los labios que sangran.
La vista en el suelo, los hombros encorvados.
Y frío. Todo el  tiempo  tengo frío.
Me dijeron que la soledad se disfraza de compañía para roer los huesos.
Me dijeron que se disfraza de abrazo y asfixia.
Me dijeron que a veces te habla de cerca, como si fuera a besarte, pero se mete adentro tuyo y te come las vísceras.  
Me dijeron, yo no sé.

Yo solamente tengo mucho frío (todo el tiempo tengo frío) y hambre, por eso me como las uñas.
Tengo frío y rabia guardada, por eso me muerdo los labios.
Tengo miedo de que cuando pregunten y mienta los ojos me delaten, por eso miro al piso.

Pero no me encorvo por miedo a que alguien me coma un riñón, el estómago, un pulmón:
me encorvo porque tengo frío. Todo el tiempo tengo frío.

Delia

lunes, 25 de junio de 2012

Verso aliterativo

Mándenme tus manantiales a morir
muerdan mis mangas,
maldigan mis modos.

Mas no mientan
mas no muten
mas no midan
mis miserias.

Sé montaña y monte
sé mantoamante.
Y luz.

Tercer ente

lunes, 11 de junio de 2012

Sh.

Y cuando hayas muerto
habrá al fin silencio.
No más que campos inmensos
de verde eternidad.
El fuego es limpio
cuando huele a ausencia
sólo una fusa
rompe en el aire
anunciado el silencio.

Dorian

martes, 5 de junio de 2012

Rome

Me des-sumerjo
losveoaellos
solos, juntos, los veo.
Eramoselloseramoscielo.

Ahora desenmascarando
corcheas desempolvando
arrebatos de rabia.
Perpendicular
y púrpura
y nada más.

Que no mienta más
tu castillo húngaro
que no llore más
tu condesa interior
que no me lleve más al Ritz.

Delia

lunes, 4 de junio de 2012

El que hace la lluvia

Inventarte un color:
el color de la lluvia
el color de los bemoles
color que huela a dorado.

Treparme a tu pentagrama
una única noche eterna
y proclamarme sierva
proclamarte aura.

Dios áureo, encordado
de caudales inmensos
e intervalos menores.

He vuelto a la regla
he vuelto a la fusión
Dios áureo que hace la lluvia
afilados rincones
perfumada canción.

El tercer ente.

viernes, 1 de junio de 2012

Un cielo púrpura sobre el humo


Un cielo púrpura sobre el humo, y abajo el agua, y ahí nadando, dejándose llevar por una corriente medio marina medio eléctrica, un cardumen de ojos inquietos y maravillados, de pies que volaban a diez centímetros del suelo, de labios que escupían rugidos de guerra, de puños que se agitaban en el aire, de cabezas asintiendo escandalosamente.
Cual árbol añejo, cansado pero sin dejar de florecer, Gillan de impecable presencia y resistencia de Ombú, con la firmeza de una ESTRELLA DE AUTOPISTA y la seguridad de a quien los años desgastan más no pueden apagar por completo, recordaba sin cesar el por qué de esa noche única.
Sobre escaleras blancas y negras, un Airey flotando entre tangos y galaxias desconocidas, un Don Airey quebrando la velocidad del sonido, en su esfera de polietileno, en armonía impecable.
Y sin embargo sobre escalas menores y mayores de diversos matices, Morse era quien dirigía las olas hambrientas, furiosas y avasalladoras del mar donde nadaba el cardumen, quien descosía a su gusto las gargantas desangradas, quien manejaba, con habilidad de hipnotista los saltos, aullidos y cuerpos de los que se sumergían en un ritual que esperaban durara para siempre. Un Morse paradójicamente silencioso, con discreción soberbia: perfecto, absolutamente inmejorable para su rol en el ángulo derecho.
Detrás de la tormenta eléctrica vista al comienzo, estaba quien tornaba tsunamis las olas del mar fluorescente, estaba el sismo personificado, quien, casi con disimulo y con apariciones ensordecedoras y maniáticas en los momentos oportunos dirigía de raíz la tormenta eléctrica que se formaba entre el humo, bajo el cielo púrpura. Un Paice aguerrido, inmutable, a la espera de la lluvia.
Y finalmente danzando a la izquierda, un Hermes payasesco, marcando el paso del huracán, con insolencia, con tiranía casi, completando el círculo cerrado de la tempestad. Un Glover alegre, distraído, natural.
Las gotas iniciales de  toda tormenta brillaron por su ausencia: fue un temporal inmediato de casi dos horas que, como no podía ser de otra manera, culminó en una NOCHE NEGRA.
Ian, Don, Steve, Ian y Roger en el cielo púrpura, y  el resto presciende de palabras, el resto era nada más que HUMO SOBRE EL AGUA.

Ferdinanda (23/02/2009)