domingo, 16 de septiembre de 2012

Irse a volver.

Con sus manos
con sus alas
en su oscuridad.

En su Cosmos
ser estrella,
en su océano, mar.

Con su sombra
con un soplo
de amanecer

y un trago de éter
para irse
a querer volver.

Tercer ente.

Después de Troya

Temer.
Esconderse.
Saltar.
Arrepentirse.

Cadena inevitable
sucesos predecibles
los dedos azules
y las cinco AM.

Tengo miedo.
No hay lugar
donde esconderse.
Troya se quemó
y el mar es profundísimo.

Tercer ente

lunes, 10 de septiembre de 2012

Lunes tan lunes

Comenzar con maquinaciones
y cargar de simbolismos
el ya enmarañado cuadro
de los olvidos tibios
y pasajes etílicos.

Era más necesario
cruzar pestañas
con tus párpados
que respirar, hoy.

Pero a sabiendas del
dominio selénico estos
cuadros no parisinos solos
se despintaron esperando
la mano etérea que haga Cosmos
de su Caos otra vez.

Tercer ente. 

sábado, 8 de septiembre de 2012

Dejo el huerto. Voy al mar.

¿Qué otra cosa se supone que haga
en esta inmensidad verdosa,
en la que todo causa hastío,
en donde el silencio es infinito,
más que llenarme los bronquios
de cloroformo y navegar
con ansias de naufragio,
sin que haya sueños lúcidos?

¿Con qué fin querría anclarme
llenando un cesto sin fondo
entre el eco eterno de las mismas
frases hechas y los mismos
rituales cristianos,
observando cómo se aja la piel
mirando expectante el horizonte
preguntando "por qué no"?

Si existiera algún motivo
además de un huerto siempre verde
de esferas amarillentas
y copas de algodón para retenerme,
presentarlo ahora; de lo contrario
mi barco me espera
mis mares me anhelan.

Tercer ente

domingo, 2 de septiembre de 2012

Luces de Neón

Vaivén otoñalveraniego
o invierno que agoniza
mirar adentro, mirar afuera
sin correspondencia.

Y una fractura
cual cordillera
con montañas erosionadas
que el mar intenta devorar.

Luces de neón
que parpadean
y se van apagando
(¿Por el tiempo?)

Ahora hay niebla
espesa y húmeda
en el medio del sendero.
Y una luz, como de vela
a lo lejos, un punto rojizo.
¿Alguien sabe cómo llegar?


Tercer ente.

sábado, 18 de agosto de 2012

Verde

Mientras, un valle inmenso
es un abismo
entre dos fonemas hundido. 

Sumando oscuridad
la tormenta interminable
secuestra tenues luces
administra los silencios. 

Cuatro montes rodean
el valle de los staccato.
No hay fugas, ya no esperan
el rescate de las negras.

No vendas tu alma aún
hay demasiados poemas
que que quiero leerte. 

Toma asiento confiando
que las calderas ya no humean
no hay escisión, nada se pudre
solamente un  carmesí, carga mil canciones.


Tercer ente. 

miércoles, 25 de julio de 2012

Nox est perpetua una dormienda.

Brillaba con su brillo -con la luz que creía que le era propia.
Por ende me opaqué con su opacidad: cuando se abalanzó la oscuridad sobre mis notas.

Juro que intenté encender no una, sino mil velas. Juro que abrí todas las ventanas de par en par.
Hice todo lo que se me ocurrió para alejar la oscuridad, pero fue inútil: afuera la noche cenaba recuerdos pasados, y soplaba tinieblas dentro de mi armario.
Cuando abrí la primera puerta ya no había fotos: solamente rectángulos negros, sin siluetas, sin formas distinguibles. Abrí la segunda y cayó un cuaderno del que se desprendieron las hojas y se quemaron solas.
Y así, con cada puerta fue pasando algo similar.
Y de golpe quedó solamente el vacío. Las velas se apagaron, la noche rompió un vidrio y se acostó en mi cama. Ya no hice nada para echarla. ¿Qué más podía hacer? Me rendí, me cansé.
Tomé mis libros, mis discos y mis ménades y me fui. Me fui a morir a otra parte. No era justo terminar mis días en el silencio y la oscuridad que había invadido mi cuarto.
Mientras caminaba pensaba en cómo el mundo se acababa con cada paso que daba para alejarme, y en cómo moriría irremediablemente en la intemperie. Pero viví.
Viví al darme cuenta que podía caminar sin zapatos. Y de repente supe que todos los cantos a la lluvia intentaban disfrazar el avance de la oscuridad.
Ahora sigo caminando, esperando que se despeje, o quizá que llueva con sol.

Tercer ente